Todo germina en el trópico
En nuestro curioso país, altamente surreal a cualquier hora
del día o de la noche, las infecciones de opiniones con o sin
fundamento son una epidemia que corre en nuestra sangre como una
mancha de plátano genética.
A pesar de la cantidad de versiones, revisiones y vueltas que las
opiniones pueden llegar a tener , éstas encuentran un denominador
común en la población, ya que tendemos a opinar como si tuviéramos
autoridad divina para declarar nuestras verdades de forma absoluta,
vociferando, gesticulando, frunciendo el ceño y catalogando de
forma especial a todo aquel que no comparta nuestra opinión.
Claro, como buen producto del surrealismo tropical, todo esto
corre en mi sangre también, y tengo a veces que respirar hondo un
par de veces antes de convertirme en un digno representante
puertorriqueño de la intolerancia. Escuchando esa amalgama de
opiniones editoriales en la calle, a veces se topa uno con unos
extraordinarios pasos de comedia o en otros casos con sendos
atropellos a la lógica, que a veces sugieren que las verdades sólo
le sirven a la gente cuando le convienen y que siempre hay un
bochornoso loco en la calle tratando de probar que dos más dos no
son cuatro.
Escucho hablar de la corrupción, de las drogas, de la
violencia, de la falta de educación, de la criminalidad y otros
temas sabrosos para los medios masivos, que no tienen descanso y
que seguramente venden más por el "melodrama", esa
artesanía altamente estimada en nuestro país y que encuentra su
máxima expresión en la novela televisiva, diosa de la fantasía
y patrona de las inquietudes "amacaseras". Entonces
todos levantamos la voz y apuntamos con el dedo a los responsables
de los sinsabores sociales, la Policía, la Gobernadora, las
escuelas, el gobierno federal, los empresarios sin escrúpulos, el
vecino, Septiembre 11, el fenómeno de "el Niño"... Y
yo, epítome de todo buen puertorriqueño, no me quiero quedar atrás,
y cónsono con mi cultura y mi sangre voy desde mi aposento en el
valle del Turabo a apuntar mi dedo hacia los responsables de todos
nuestros sinsabores socioeconómicos post-modernos: nosotros
mismos.
Reyes de la comodidad y el mantengo, auspiciadores honorarios
de la jaibería y de la listeria, del crédito fácil y del fronte
aprendido, defensores enérgicos de ideales que ni siquiera
podemos definir, soldados del protagonismo, enciclopedias de farándula,
parásitos del rumor de la calle, o sea, el chisme, representantes
máximos del "y yo, qué?", porque el "nosotros"
es todavía... ¿quiénes? Levanto mi dedo y me señalo y te señalo
como responsables de todo lo bueno y lo malo que nos ocurre. Les
pregunto si no se han dado cuenta que nuestro pueblo vive en un
60% bajo algún tipo de mantengo o subsidio. La tasa de natalidad
y las madres solteras ya son parte de una subcultura, como lo es
también el desertor escolar, el marido violento. Somos la
adolescencia extendida encerrada en su territorio natal, somos la
promesa mágica de un aire acondicionado, del cable TV, del tener
más beneficios con menos trabajo. Eso suena bien. Eso es un paraíso.
Es lo que todo buen boricua necesita, un sistema diseñado para
hacernos la vida fácil y no tener que pensar mucho. Y como
llevamos ya tres o cuatro generaciones sembrando estas semillas,
pues la gansería ya corre a cántaros por nuestra sangre, la
listería es nuestro credo, la fiesta es 24 horas y 7 días, y el
cerco de la individualidad y el egoísmo es como un programa de
fomento económico. Las lecciones de vida nos caen por chorros,
cuando el Capitolio se desangra cada vez que se apuñalan la
espalda mutuamente estos hijos del "racket" colonial,
doctores de la hipocrecía, representantes exclusivos del tercer
mundismo disfrazados con escoltas y teléfono celular. Si no
tenemos responsabilidad legal REAL sobre nuestro futuro y destino,
pues... a quién le importa algo.
Que lluevan los verdes... aquí nos matamos los unos a los
otros por cogerlos, aunque no hayamos trabajado por ellos.
Pobrecito Muñoz... mira en lo que terminó todo en la cultura del
velagüira. Abundancia sin responsabilidad. Un pueblo que pasó de
gatear a volar, sin haber aprendido primero a caminar. Brillante.
Y ahora qué hacemos con las lagunas históricas, con las etapas
saltadas... cómo pensaban que íbamos a salir saludables de un
proceso tan rápido, tan brutal, ¿tan fuera de nuestro control?
Este sistema que nos cría está de arriba hacia abajo repleto de
hombres y mujeres que no están dispuestos a hacer nada por las
cosas que critican ni por lo que es peor, por las cosas que se
suponen que amen. Esto es lo que producimos. Gracias a Dios que
tenemos tantos shopping malls como escuelas, porque ¿se imaginarían
ustedes qué sería de esos muchachos?... ¿desubicados?... que va...
Mire, opine y opine duro... pero aguante opiniones también, y hoy
mi opinión está clara y consisa; somos un pueblo joven, con
mucho que aprender, aunque ahora mismo tan absurdo que puede
llegar a ser hasta gracioso, por eso, con la pena que tengo, déjeme
reír, pues hay un pueblo disparándose sus propios pies y
culpando a un francotirador invisible por todo este reguero donde
sus hijos resbalan, dándose bien duro en la cabeza. Y aunque no
lo crea, usted es parte de la solución o parte del problema ,
pues cada palabra o acto suyo tiene consecuencias individuales y
COLECTIVAS, cada acción suya deja algún tipo de semilla, todo
tiene su efecto. Sólo le pido que recuerde que se cosecha
exclusivamente lo que se siembra, y que sea yerbabuena o yerba
mala, todo germina en el trópico... ahh.... y algo más... no le
eche la culpa a nadie más por eso.
Tito Auger
